Velocidad

Profesionales

En el argot que utilizamos en nuestro mundo, ciertamente extenso y particular, el concepto de “los profesionales” tiende a referirse sólo a las personas que viven en contacto con los caballos, y no a todas las que comen de las carreras, que son más. Es un error conceptual que se eleva al cuadrado porque, además, pasa inadvertido. Nadie repara en él. Es una injusticia que multiplica a otra. Constantemente, temporada tras temporada, año tras año y generación tras generación. Un agravio que no se valora pero que rompe muchos corazones, y que convendría empezar a triturar.

No son sólo los jockeys, los entrenadores, los veterinarios y los mozos, que intervienen todos ellos de forma directa en el rendimiento de los caballos, en mayor o menor medida y tanto para bien como para mal. Profesionales de las carreras son también esas otras personas, muchas, que llevan el pan a sus casas dedicando su talento y sus capacidades a hacer posible este espectáculo. Aunque nadie las aplauda, aunque sus nombres no aparezcan en un programa, aunque jamás recojan un trofeo en el recinto de ganadores y aunque nadie las invite a un asado para celebrar una victoria, también son profesionales, y sin estas personas, con sus aciertos y sus errores, tampoco serían posible las carreras tal y como las conocemos.

Gracias a todos

Ahora que este maldito año se acerca a su fin, y ya era hora, me parece que es un momento perfecto para reivindicarlas a todas y así quiero hacerlo desde estas humildes líneas. Con todo mi agradecimiento. Quiero referirme a las personas que se dejan la piel en el Jockey Club Español, con Jesualdo Mira a la cabeza, que se adaptan a todo. Y por supuesto a las que trabajan en cada uno de los hipódromos de España, en todos los departamentos y sea cual sea la conexión que tengan con la competición. Algunas de ellas han sufrido lo indecible precisamente por no haber podido dar lo mejor de sí mismas a las carreras, y son las primeras de las que quiero acordarme. Es el caso, por ejemplo, de Hermenegildo Mergelina y todo su equipo de la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, que no pudieron llevar a cabo la esperada temporada de su 175 aniversario. Y es el caso también de todo el personal del Gran Hipódromo de Andalucía, castigado además por la quiebra de la empresa, que ha devuelto a Inglaterra a Óscar Ortiz de Urbina, como si aquí estuviéramos sobrados de cualificación, y que tiene a Pedro Piñar y a toda su gente viviendo una angustia que deseo fervientemente que se acabe lo antes posible con la recuperación de la actividad y del trabajo añorado.

No estaría de más agradecer su labor a todos los que hacen posible el espectáculo.

En otros lares han sufrido por tener que lidiar de forma precipitada con circunstancias desconocidas para ofrecernos a todos un servicio impagable. Matrícula de honor para todos los miembros del equipo del hipódromo de San Sebastián, con Julio Ocio y Bixen Otaño al frente, que han salvado una situación muy comprometida por el bien de todos, y por supuesto para los del hipódromo de Pineda. Chapeau.

La gente del hipódromo de Madrid

Dejo para el final, por razones obvias, a todas las personas que forman parte del engranaje de Hipódromo de La Zarzuela, que una vez más han estado a la altura de las circunstancias para superar contingencias incalificables y para hacer que los caballos corran sin que nadie note lo que no debe notarse. A vosotros, queridos, de todos los departamentos, de todas las áreas y de todos los rangos, que tantas veces apretáis los puños y guardáis silencio al escuchar la voz osada de la ignorancia; que siempre estáis listos para actuar; que dobláis turnos, postergáis descansos y aplazáis vacaciones; que decís “sí, claro que podemos hacerlo”; que repetís por los pasillos eso de que “aquí se viene llorado de casa”; y que jamás aireáis miserias ni os excusáis en la limitación de los recursos, se comente lo que se comente por ahí; a vosotros os digo que no hay palabras para agradeceros lo de este año y que, una vez más, habéis sacado del fuego unas castañas que estaban condenadas a quemarse.

No estaría de más que los que reciben las felicitaciones, los halagos y los aplausos por lo que pasa en la pista les dieran las gracias alguna vez a los que posibilitan que cada jornada se levante el telón a su hora, que no haya desajustes entre bastidores, que el decorado esté a punto, que el público esté en su sitio y que la música suene cuando toca y perfectamente afinada. Todos ellos son también profesionales de las carreras. Y este año lo han bordado. También. Gracias.

(Artículo publicado en el número 1104 de la revista A Galopar, del día 23 de diciembre de 2020).

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