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Nieves, Nico, Ignacio… jockeys

Por 15 septiembre, 2020 septiembre 17th, 2020 No hay comentarios
Nieves y Noray
Esta extraordinaria fotografía de Nieves García a lomos de Noray, obra de Salva Maroto (@colosseo3 en Twitter), ha dado la vuelta a España.

En julio de 2003, y ya ha llovido desde entonces, un joven Antonio Gallardo saltó a la pista de Mijas para montar por primera vez en una carrera de caballos. Tardó diez meses en ganar. Si no me equivoco, conoció la victoria en mayo de 2004, en el mismo hipódromo costasoleño y a lomos del legendario Tiffany (Vaguely Hidden), que ya contaba nueve años y sumó el que sería su último triunfo, el vigésimo de su historial. Nadie podía pensar entonces que tan solo diez años después aquel muchacho se estaría consolidando como un buen jockey en los Estados Unidos y que volvería a montar en Madrid solo por disfrute personal, aprovechando unas vacaciones y concediendo entrevistas cual estrella deportiva que empezaba a ser. Hoy esa carrera profesional ha crecido aún más y Gallardo, pasados 17 años de aquel debut sobre la arena mijeña, es un magnífico jockey que gana carreras por decenas al otro lado del Atlántico, se apunta estadísticas, luce triunfos en pruebas de Grado y defiende las sedas de propietarios tan grandes como los del mismísimo equipo Godolphin.

Antonio se fue a perseguir su sueño, animado por quienes le querían y creían en él, mientras aquí los listos inevitables, con el codo apoyado en la barra del bar, decían eso de “¿dónde irá este niño?”, que yo lo escuché y no pocas veces. Pero se fue a triunfar. Como otros que lo consiguieron o no, pero que intentaron hacer su carrera allá donde la oportunidad pudiera abrirles las ventanas de la esperanza, esas que aquí tenían cerradas por culpa de la estrechez de nuestras carreras y también de las miras de quienes, presos de sus prejuicios, niegan la credibilidad a los chicos y a las chicas que necesariamente tienen que montar mucho y acostumbrarse a perder para limar sus defectos, llegar a ser verdaderamente competitivos y empezar a ganar cuando toque. ¿Qué necesita un aprendiz para ser un buen jockey? Además de las cualidades y las ganas, lógicamente, montar. Montar mucho. Competir. Correr, perder, equivocarse, acertar, caerse, seguir y sufrir. Es la vida.

Muchos y buenos ejemplos

Igual que de Antonio Gallardo podríamos hablar del oiartzuarra Ioritz Mendizabal o del vitoriano Óscar Ortiz de Urbina, triunfadores al más alto nivel después de haber dado en España sus primeros pasos en las carreras, pero también de José Luis Martínez o Jorge Horcajada, que dejaron el sello de su talento en varios países, entre ellos Italia, como Manuel Díaz; o de Diego Sánchez y David Delgado, que se han ganado la vida también en los Estados Unidos; o antes de Luis Villarroel, que lo hizo en el norte de Europa, y más aún, cómo no, del magnífico José Antonio Borrego, que demostró ser un jockey de altura en Francia. Es claro que podemos tener buenos jockeys, aunque para confirmarse necesitan más de lo que aquí muchas veces se les da.

Desde que cerró la escuela de aprendices que dirigieron en La Zarzuela el mítico Claudio Carudel y el incombustible Florentino González, al poco de la reinauguración del hipódromo madrileño, su recuperación ha sido una reivindicación constante en nuestro diminuto y pobre universo, que no genera los recursos necesarios para poner en marcha esta necesaria herramienta de formación que sirva para enseñar a los más jóvenes las profesiones relacionadas con el mundo de las carreras. Además, las condiciones físicas para esta competición (altura y peso) son mucho menos frecuentes que antaño y, por otro lado, las cosas ya no son tan sencillas como fueron antes, ya que la escolaridad obligatoria hasta los 16 años impide el modelo antiguo y por lo tanto las fórmulas viables en este momento pasan por la formación profesional, a una edad que para hacer aprendices es tardía, o por un sacrificio brutal, que consiste en aprender el trabajo del hipódromo y estudiar al mismo tiempo en el instituto, cuando hoy en día es mucho más difícil dar con chicos y chicas con la afición o con el hambre que hace falta para afrontar esfuerzos tan grandes, como bien ha explicado en alguna ocasión Borja Fayos. Así las cosas, propietarios y entrenadores denuncian permanentemente la falta de jockeys de garantías. Aunque no todo el mundo lo ve así.

Diferentes perspectivas

¿Y quién no lo ve así? Pues los chicos y las chicas que con su licencia activa ven pasar las jornadas de carreras sin que les llamen, o montando muy poco y casi siempre caballos sin opción. Ellos creen que la crisis de jockeys no es tanta y que el problema es que no se les da la oportunidad o no se confía lo suficiente en ellos. No me gusta eso tan “hipodromero” de andar todo el día diciendo que tal jockey o entrenador está demostrando que merece tener más oportunidades, básicamente porque con los jockeys cuentan o dejan de contar los preparadores bajo un criterio profesional y si prefieren a uno sobre otro seguro que es por razones de peso (que no de kilos). Del mismo modo, a los entrenadores les dan los caballos los propietarios, y esta es una relación de confianza que hay que saber ganarse más allá de demostrar que se conoce el oficio. Así que no, no se trata de pedir más oportunidades para nadie. Ahora bien, ¿qué habría sido de Antonio Gallardo si no se hubiera ido a los Estados Unidos? Pues vaya usted a saber, pero en su último año en España, en 2009, ganó 18 carreras en poco más de dos meses (de abril a junio) para once preparadores diferentes y la más relevante fue el Martorell, con Bellaside (Le Vie dei Colori). Empezaba a ser un comodín, pero no tenía todavía un apoyo claro de una preparación o de una cuadra más o menos potente y viéndose fuerte decidió marcharse. Y hoy puede decir que tomó la mejor decisión de su vida.

Nieves García y Noray se imponen a Atty Persse y Sousa en el Alburquerque. Foto: Rafa Lorente

Es imposible saber lo que puede llegar a dar de sí un aprendiz o un jockey joven si no se le ofrece la posibilidad de competir, de acumular experiencia, de pulir sus cualidades y rebajar sus defectos. Algunos de los nombres citados arriba llegaron donde nadie esperaba al principio y podríamos mencionar a otros muchos, como también citaríamos sin pestañear más casos de jóvenes que no tuvieron la fortuna de ser lo que apuntaban. En España tenemos varios problemas que limitan las posibilidades de quienes eligen este camino profesional tan duro. En primer lugar el número de carreras, y no es difícil entender que el progreso de quien puede montar alguna carrera a la semana no será nunca el mismo que el de quien puede competir prácticamente a diario. Pero mayor barrera es la media de participantes por carrera, ya que aquí hay cinco jockeys con los que todo el mundo quiere contar y que prácticamente montan siempre (Janacek, Sousa, Fayos, Martínez y Gelabert) y esto significa que por estadística, de media, quedan en cada carrera cuatro sillas libres por las que han de pelear todos los demás. Este otoño se han programado muchísimas carreras e igual que esos cinco jockeys fijos han de estar contentos, los que necesitan lotes muy amplios para recibir una petición de monta lo tendrán aún más complicado, ya que pasará justo lo contrario de lo que necesitan. Y así de duro es.

En los últimos años, el aumento del número de carreras reservadas a los jinetes con menos oportunidades ha servido para ayudarles un poco y el “ensanche” de los criterios de los descargos también. Pero como esta es una manta corta que si te cubre los pies te descubre el pecho y al revés, quienes ahora sufren estas nuevas circunstancias son los jockeys ya hechos, cuajados, que ni descargan ni están entre los cinco más demandados, y que ahora tienen por delante en muchas ocasiones a los más noveles gracias a esos descargos. Nunca llueve a gusto de todos.

La perseverancia es clave

Carlos Loaiza, Manuel Valenzuela, Dinis Ferreira, Efraín Arguinzones, Mila Hrubosova, Marine Monceaux, Luis Fonseca, Cristina Hazen, Nicholas Saccu o Nico Valle son algunos de los nombres con los que nos hemos ido familiarizando en las temporadas recientes. No me parece que sean pocos –y mis disculpas si me dejo a alguien en el tintero–. Todos ellos han ganado en protagonismo y visibilidad gracias a las medidas adoptadas. ¿Cuántos llegarán a instalarse entre los jockeys de referencia, en ese grupo de jinetes de garantías con los que cualquier entrenador quiere contar? ¿Cuántos llegarán a ganarse la vida con las carreras? Ya lo veremos. Ojalá que varios. Quizá ninguno, es posible. Lo que está claro es que si no se les ayuda en el recorrido no podrán llegar a su meta. Si no tienen la oportunidad y tampoco encuentran motivación en el entorno para buscarla seguiremos sin fabricar nuevas fustas fiables y lloriqueando por ello, e incluso lo mismo nos perdemos a otro Antonio Gallardo, quién sabe. O a otro Borja Fayos, por qué no, que es otro jockey que ha evolucionado como muy pocos desde sus inicios.

Nieves, Nico e Ignacio

Nieves García
Foto: Salva Maroto

La perseverancia en todo esto es clave. Querer triunfar siempre es el primer requisito para poder conseguirlo, desde luego. Y en esto es un ejemplo para todos los que vienen por detrás la incansable Nieves García (Sevilla, 26 de abril de 1977), a quien conocí hace ya un buen puñado de años en las cuadras del Real Club Pineda de nuestra ciudad natal y que desde que debutó en carreras, hace 17 años, no ha dejado de pelear ni un solo día por alcanzar su sueño. Primero quería montar en carreras, y lo consiguió debutando como amazona en Mijas, igual que Gallardo, con un caballo de Manolo Álvarez; después quiso ser profesional y dio el paso al cabo de tres años, con casi cien montas en las botas y cuatro triunfos; más tarde no cejó en su empeño pese a la escasez de oportunidades, las interrupciones de sus embarazos, la crianza de sus tres hijos y alguna caída que asustaría al más valiente; luego peleó en los despachos el descargo de peso que ya en Francia estaba igualando la obtención de montas para las mujeres –y tenían que haberla visto defender sus argumentos–; y con todo este recorrido, con casi 1.300 montas a sus espaldas, se ha convertido en la primera mujer que ha montado en el Gran Premio de Madrid y también en la primera que ha ganado una categoría A, el Duque de Alburquerque con el monstruo Noray (Naaqoos) –datos ambos que a mí me parece que hablan mal de nuestras carreras, dicho sea de paso–. A la fecha actual, Nieves supera ya las sesenta victorias en el total de su trayectoria, que está alcanzando ahora, a una edad a la que muchos ya están retirados, las cotas que ella siempre soñó con tocar. Seguramente que la sevillana, veterana en la sala de pesaje del hipódromo, está montando hoy mejor que nunca, y de hecho gana igual en llegadas cerradas empujando a sus caballos por fuera que con escapadas en punta, pero también lo hace con algo más de frecuencia y de regularidad, con más chance y con más confianza. ¿No podría ser todavía mejor hoy si antes hubiera recibido más respaldo? Pues seguramente. Pero la heroína a la que todos aplaudimos ahora –y con sentimiento sincero, sin duda– ha pasado mucho, ha sido ignorada una y otra vez durante un montón de años y se ha tragado enormes disgustos para volver siempre a apretar los dientes e intentarlo una vez más. Estos días la quiere entrevistar todo el mundo y la hemos visto en los informativos de mayor audiencia, que devoran estas historias de éxito y de superación que encima vienen acompañadas de situaciones personales tan tremendas como la que ella ha tenido la desgracia de vivir estas últimas semanas, que lamentablemente el morbo vende tanto o más que el triunfo. Pero la realidad que a ella le importa es que el jueves solo monta en una carrera. Y con todo, lo que ella dice ahora, mirando a las cámaras sin rastro de duda en sus ojos, es que su siguiente objetivo es ganar más grandes premios. Han pasado 180 años de carreras en España hasta que una mujer ha ganado una de primera categoría y ella ya está pensando en conseguir la segunda. Si Nieves no es admirable, el faro a seguir por todos los que antes cité y por los que vengan después, y si su historia no podría servir para un maravilloso guión de película, ustedes me dirán.

Otro fotón de Salva Maroto: Nico de Julián con El Guanche tras ganar el Urquijo.

Nico de Julián (Madrid, 28 de febrero de 1994) ha ganado esta temporada con El Guanche (Power) el Urquijo, otro gran premio de categoría A aunque este año, circunstancialmente, no lo haya sido porque no se han cambiado los umbrales de las categorías a pesar del recorte en las dotaciones económicas, que se da la absurda circunstancia de que en París están corriendo los Listed por 19.000 € y aquí el Benítez de Lugo, con 21.000 € al ganador, es categoría B. Pero Nico, además, ha sido segundo en el Gran Premio de Madrid con Emin (Camelot) y en la Copa de Oro con Putumayo (Myboycharlie), todo lo cual quiere decir que ha aprovechado y con buena nota las oportunidades que ha tenido para estar en el alto nivel. Especialmente emocionante fue su monta a Emín en el Gran Premio, ya que con Putumayo no tuvo cerca la posibilidad de victoria en San Sebastián. Pero con el del Marqués de Miraflores sí que pudo oler el dulce aroma de la gloria y se volcó en los últimos cien metros como si no hubiera vida después de la meta. Si alguien me preguntara hoy cómo definiría con una imagen lo que puede ser la ilusión, le pondría esos últimos metros de Nico en el GPM tratando de alcanzar a Cnicht con todos los músculos de su cuerpo y la fuerza entera de su alma. Hablamos de un hombre joven, pero también de alguien que cumple diez años desde el inicio de su carrera como aprendiz, en la que suma más de mil montas y casi ochenta victorias. Este hijo de gentleman, vinculado al Hipódromo desde que nació, lleva diez años buscando huecos para estar en los programas, desde aquellas primeras montas en La Zarzuela al caballo de su padre, Desert Run (Sherman). Quien espera casi dos años para ganar (en Dos Hermanas y con Turrialba (Trade Fair), confiado por Óscar Anaya) se curte en la virtud de la paciencia, pero ahora está en el momento perfecto y en la edad idónea para darle el impulso definitivo a su trayectoria. Ahora es cuando más tiene que empujar. Como lo hizo sobre Emín.

Ignacio Melgarejo en sus primeros años de aprendizaje, en Dos Hermanas. Foto: ABC

Ignacio Melgarejo (Sevilla, 14 de septiembre de 1997) es el más joven de estos tres casos que este año merecen ser destacados porque se lo están ganando en la pista. Acaba de cumplir 23 añitos y lleva los seis últimos montando en carreras con algunas interrupciones debido a estudios y lesiones. Debutó ganando, también en Dos Hermanas y con un caballo entrenado por Manolo Álvarez, en este caso Usaquén (Layman), propiedad de los Álvaro Soto, padre e hijo, tío y primo. Lo curioso de Ignacio es que ganó también su segunda carrera, en el mismo hipódromo sobre David’s Divina (Sabre d’Argent), un par de semanas más tarde, cosa que no está al alcance de cualquiera. Desde entonces fue campeón del mundo de Gentlemen Riders y suma 56 victorias en nuestro país (sobre algo más de seiscientas montas, que supone un porcentaje serio de triunfos), catorce de las cuales las ha conseguido en lo que va de año, superando así su récord particular anual, que fue de trece triunfos en todo el año 2018. Su verano ha sido fantástico y de hecho en la última jornada, la de inauguración del otoño en La Zarzuela (13 de septiembre), se le ha roto una racha de seis jornadas consecutivas ganando. Ahora bien, es un jockey joven que aún descarga, es decir, sigue en periodo de formación, y a los jinetes que están en formación no se les puede pedir lo mismo que a los jockeys consagrados. Cuando un entrenador busca el beneficio de un descargo sabe, o tiene que saber, que ese descargo compensa la probabilidad de error del jinete, que aún no ofrece las mismas garantías que quienes ya han cumplido con ese proceso del aprendizaje y de mínima toma de experiencia. La realidad, empero, es que al final muchas valoraciones se hacen sin tener en cuenta este matiz importante, y esto no es justo. Aunque Ignacio esté montando muy bien, aunque haya mejorado en todos los aspectos (recorrido, paciencia, uso de la fusta…) y esté llamando la atención por su energía en las llegadas cerradas, no debe ser comparado aún con quienes están en un curso superior. Este es el factor clave para poder valorar su potencial con vista al futuro, que en mi modesta opinión es muy grande si él es capaz de mantener en su carrera la concentración que viene demostrando este año y de la que ha hecho virtud desde el primer día de su trayectoria Jaime Gelabert, el último en llegar al «club de los cinco» y hoy satisfactoria realidad, bendita realidad, de nuestro deporte. Ignacio, que me recuerda a veces a jockeys fuertes y solventes de otros tiempos que no mencionaré porque las comparaciones son odiosas, está ahora en el camino de ser una fusta de garantías y bien solicitada incluso cuando pierda el descargo.

No voy a discutir que en España haya un problema de jockeys ni de cantera de jinetes, no, pero sí diré que las cosas se pueden mirar con diferentes perspectivas y que con el número de posibilidades de montas que hay en España y el dinero que puede ganar un jockey top no son pocos los que intentan abrirse un hueco en nuestra competición y sus ejemplos resultan todos verdaderamente admirables y merecerían una mejor consideración, también por el bien de todos.  

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