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Hipodamo, el Ribot de Eduardo

Por 3 febrero, 2019 noviembre 15th, 2019 No hay comentarios
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La Atalaya

La Atalaya, siendo yearling, en julio de 2006 en Wallhouse Stud. Detrás, Rituss. Foto: Archivo.

Todavía no había pasado un año desde la reapertura del hipódromo de La Zarzuela y las carreras de caballos españolas vivían en una nueva dimensión, flotando sobre una euforia tan densa que era casi tangible. Era el 16 de septiembre de 2006 y se celebraba en el paddock del recinto madrileño una subasta de yearlings organizada por la Agencia Zraq de Eduardo Sanz y Chema Santa Cecilia. Aparecía por primera vez en el catálogo el nombre de Dehesa de Milagro, que vendía junto a Wallhouse y Ballyhane Stud un lote muy atractivo, con varios potros criados en el extranjero con orígenes muy cotizados en el momento. Milagro, Wallhouse y Ballyhane habían vendido el lote número 57 por 4.500 euros a Juan Carlos Rosell, un castaño por Catcher in the Rye al que luego llamarían Yepes. Y entonces salió al ring el lote 58, una hembra un poco pequeña, ligera de hueso y con una cabeza muy bonita con sangre materna con marca Shadwell, aunque de una familia no muy activa, y sobre todo hija del crack Montjeu (Saddler’s Wells). Era uno de los yearlings más esperados en la venta y finalmente fue el tercer precio más alto de la misma. La potrilla fue rematada por 34.000 euros por Eduardo Olgado (qepd), que pujó una y otra vez desde la barra norte del paddock hasta llevársela a su cuadra para la propiedad de la sevillana cuadra Naniná, de Enrique Beca Borrego. Un propietario con una afición enorme, vieja y sólida, pero que nunca se ha caracterizado por hacer fuertes desembolsos en las subastas. En aquella ocasión, cosas de la vida, le convenció el desmedido interés de su gran amigo Olgado en la hija de Montjeu.

La potrilla había sido adquirida por José Hormaeche en Tattersalls apenas un par de meses antes, a través de Joe Foley (Ballyhane), por 20.000 guineas, y apenas pasó alguna semana en Wallhouse, la yeguada de Newmarket que por entonces tenía en propiedad el hoy mánager de Torreduero. De ahí viajó a Navarra formando parte del primer lote de ejemplares que pisaban la nueva Dehesa de Milagro, ya con el primer edificio de cuadras terminado y algunos prados, aunque con todo lo demás por hacer. Y un mes más tarde, a Madrid.

La Atalaya

Enrique Beca bautizó a su nueva adquisición con el nombre de La Atalaya. Eduardo Olgado siempre estuvo enamorado de ella, aunque su debilidad apenas le permitió trabajar con ella con normalidad en algún momento. No pudo hacerla debutar a dos años, y tampoco a tres. Pero siempre mantuvo que era una yegua de calidad y mucha clase, y le insistió a su propietario en que si no pudiera ser en la pista, la potra le compensaría todos los esfuerzos en la yeguada. La Atalaya pudo debutar por fin a los cuatro años, en febrero de 1999, en una carrera en Mijas sobre 1.200 metros en la que marchó siempre desbordada y lejos de sus rivales. No volvió a correr. Fue retirada del entrenamiento y visitó inmediatamente a Dyhim Diamond (Night Shift). En marzo del año siguiente dio a luz un macho. Dagoberto.

Después llegaron consecutivamente Quinta Plácida, Faramond y Sang Espagnola, los tres por Caradak (Desert Style). Corría el año 2013 y Enrique quiso cambiar de semental para La Atalaya. Pidió opinión a Hormaeche y este le sugirió el nombre de Falco (Pivotal), un ganador de la Poule francesa, de imponente físico para compensar el de la yegua, cuyos primeros hijos cumplían entonces los tres años. Y allá que fue La Atalaya al Haras d’Etreham.

Al año siguiente la yegua parió muy tarde, el 27 de mayo. Puso en el suelo un macho alazán al que más tarde llamarían Hipodamo de Mileto, en honor del que dicen que fue el padre del planeamiento urbanístico, en el siglo V antes de Cristo. Pocos meses después del nacimiento de Hipodamo, cuatro concretamente, Eduardo Olgado dio por terminada su carrera como entrenador y comenzó a luchar contra la enfermedad que le fue diagnosticada y que en los siguientes meses apenas le dio breves treguas para poder hacer algún viaje de los que tanto disfrutaba, con Enrique Beca y Arturo Hernández-Lissén Bonilla, para ver a La Atalaya y a sus potrillos. El “Globero” seguía enamorado de “su” yegua e insistía en que ella agradecería la paciencia de su propietario dándole un caballo de gran premio.

Todos ganadores, pero…

Todos los hijos de La Atalaya han sido caballos de carreras. Honrados, divertidos y ganadores. Pero Hipodamo rompió el molde. Debutó a dos años, en junio de 2016, siendo segundo de Antonella (Dream Ahead), y en septiembre volvió a ser segundo en su reaparición, con un fantástico remate, para ganar a continuación el Veil Picard, muy fácilmente, y después bajar a Sevilla con el objetivo puesto en el Gran Premio Javier Piñar. Hipodamo se impuso en Dos Hermanas en la preparatoria y después en la carrera que Enrique perseguía, la que homenajea cada año a Javier, el hijo del Nani que nos dejó tan pronto y con el encargo de no abandonar jamás nuestra afición por las carreras de caballos.

Enrique Beca había tenido caballos de cierta calidad. Con Quintus Decimus (Nordico), por ejemplo, se había divertido de lo lindo, y más allá de su cuadra personal, ganó con sus amigos el Cimera o el Prix Luthier (Listed) en Francia con Ariete Arrollador (Kingsalsa). Pero ganar el Gran Premio Javier Piñar con Hipodamo, el hijo de La Atalaya, y apenas dos meses después del fallecimiento de Eduardo Olgado fue con toda seguridad la emoción más fuerte que había vivido en las carreras.

La trayectoria desde entonces de Hipodamo de Mileto es de sobras conocida. Ha ganado el Villamejor, el Corpa, el Memorial Duque de Toledo, el Gran Premio de San Sebastián y del Gladiateur; ha sido segundo en el Villapadierna-Derby, el Gran Premio de Madrid, la Copa de Oro y en Listed en Francia; y ha sido proclamado Caballo del Año en España en 2018, haciendo campeón a Enrique Beca de las Estadísticas de Propietarios y Criadores… Es evidente que para cualquier propietario sería un caballo inolvidable. Pero para Enrique es el caballo de una vida. La Atalaya, por cierto, tiene una yearling de Myboycharlie (Danetime) y debe parir este año de Planteur (Danehill Dancer).

En la temporada del más difícil todavía, porque toca tratar de abordar retos más exigentes en el extranjero, no sería lo más conveniente comenzar corriendo en febrero y en la arena del Gran Hipódromo de Andalucía una carrera en la que tenía poco que ganar y mucho que perder, pero Hipodamo lo ha hecho por deseo de su propietario, como regalo a una afición “que es pequeña en cantidad pero grande de corazón”. Quería que su familia y sus amigos vieran de nuevo al campeón en casa, y vaya si lo vieron. El paseo de Hipodamo de Mileto en el Gran Premio Stayer de este 3 de febrero ha sido espectacular, después de galopar de menos a más a la grupa de un Right Connection (Beat Hollow) que está pletórico y al que desbordó en la recta como si fuera un caballito de hándicap… Objetivo cumplido y gran orgullo de todos los aficionados sevillanos. Ahora, a pensar en el Prix Right Royal (Listed) del 1 de abril en Chantilly.

Cada vez que Hipodamo gana, Enrique lo celebra como corresponde. Siempre hay un brindis por Arturo, que también se fue, y siempre está Eduardo en el recuerdo. Son las dos personas que le han acompañado en muchos kilómetros para seguir a sus caballos. Y que hoy faltan. Por eso todo es más emotivo, más grande. Y desconozco si Eduardo llegó a ver correr a Hipodamo, pero está claro que tenía razón pues La Atalaya ha compensado los esfuerzos. Ribot fue la obra cumbre y póstuma de Federico Tesio, como Teresa la de Antonio Blasco. E Hipodamo es un poco o mucho la de Olgado. Y aquí estamos para recordarlo y que eso no se olvide.

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