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El regalo de Dios

Por 6 noviembre, 2020 No hay comentarios

Llevaba nueve años, nueve, paseando su figura espigada e inconfundible desde la tribuna al recinto de ganadores, un domingo tras otro, para felicitar a sus amigos por las grandes victorias que él ha ansiado desde que supo de La Zarzuela y de las carreras, siendo un niño y de la mano de su padre. Ha llovido mucho pues, y se ha soñado más, desde que su Rosa de los vientos le señaló en 2011 un nuevo norte con ese regalo que cambió el rumbo de su vida. Kyra, con la marca de calidad de su amigo Luis Álvarez Cervera –poco se habla de quien más sabe de todo esto, y es mérito doble–, llegó como llegan los grandes amores, sin que se les vea venir ni se les escuche taconear, y como había que acompañarla, nobleza obliga, acto seguido llegó Kurdo, ya como iniciativa propia y también con el sello de LAC. Fue este el primer corredor de la chaquetilla tricolor, rojo, amarillo y azul, pero cuando el inolvidable hijo de Baptize salió de maiden, el 23 de julio de 2011, en Mijas, la dama ya había ganado sus dos carreras, primero en Antela y después en La Zarzuela, donde se estrenó AGF justo dos días antes de que llegara la primera de las 18 victorias que Kurdo acumuló en su larga vida como corredor.

Antonio García Ferrer y su esposa, Rosa, junto a Guillermo Arizkorreta y José Luis Martínez tras la victoria de Tarantela en el Memorial 2020. Foto: Rafa Lorente.

Llevaba nueve años, nueve, pasando mañanas de galopes los sábados y tardes de revisión de caballos los martes. Junto a Guillermo, siempre con Guillermo, desde el primer día. Cientos y miles de conversaciones sobre planes, sobre fichajes, sobre programas, sobre chances en grandes carreras… que se resistían, si bien Queenrose le dio un Nacional, eso sí, aunque hoy no sepa como antaño. Nueve años en los que la fortuna fue tan esquiva como generosa la contrariedad. Lesiones de todo tipo, accidentes, adversidades varias, contingencias de última hora… Nueve años invirtiendo sin desfallecer y apoyando lo local. Nueve años de caballos de sangre azul que no llegaban a debutar y otros que se quedaban en cualquier cruce de caminos por vaya usted a saber qué accidente. Tiempos interminables de astros desalineados y de curvas que no salían en los mapas. Nada, sin embargo, que pudiera tumbar la ilusión de un tipo tan duro como un diamante salvaje y con una fe irreductible, hasta la admiración, en el poder de la perseverancia. El que resiste, gana. Lo dijo Cela, premio Nobel de Literatura, y lo demostró empíricamente Antonio García Ferrer, medalla de oro en constancia. Un gran encajador de disgustos, que es lo que más dan las carreras antes de proporcionar con cuentagotas esas alegrías que todo lo compensan.

De abuelo a nietos

En nueve años han nacido y han crecido lo suficiente sus nietos como para poder vivir, seguramente sin enterarse de mucho, que el abuelo ganó el Memorial Duque de Toledo. Y quizá algún día, cuando alguien les pregunte por el origen de su afición por las carreras, Mauro, Roque o Lola cuenten en algún rincón del hipódromo que ese domingo de otoño del año de la pandemia les tocó a ellos bajar al recinto de ganadores acompañando al abu Antonio como gran vencedor, y posiblemente solo recuerden cuánta gente se alegró y se emocionó con y por él. Suceden así esos momentos mágicos en este deporte que hacen cambiar el curso de los acontecimientos, la perspectiva de las cosas y el sentido de una o de varias vidas. Tarantela era una yegua que se llamaba como un famoso baile del sur de Italia; después del 18 de octubre de 2020 es un baile del sur de Italia que se llama como la yegua que ganó el Memorial para AGF.

(Con toda mi admiración para los propietarios que en lugar de arrugarse con las derrotas que indefectiblemente siguen a las primeras victorias, la suerte del principiante, se crecen en la adversidad para llegar a los triunfos como grandes de esto, curtidos y sólidos, y saben que el secreto del éxito es perseverar y apoyarse en los profesionales, y perseverar y apoyarse en los profesionales, y perseverar y apoyarse en los profesionales… ¡Ah! Y creo que es verdad que las carreras en España son la demostración de que Dios existe, como dice Antonio. Pero creo que para ello lo que hace Dios es ponernos en las carreras a gente como el propio Antonio, quizá mediante un regalo divino como Kyra, para que sean sus ojos y sus manos. Y a Íñigo, y a José María, y a José, y a Luis, y a Jesús, y a Javier, y a…)

(Artículo publicado en el número 1.096 de A Galopar, del 27 de octubre).

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