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El peligro de extinción

Por 16 noviembre, 2020 No hay comentarios
Nacional 2020

El Día de los Nacionales –en sábado por la mañana, ya raro desde la concepción– quedó deslucido en el mismo partant y terminó de estropearlo una lluvia inmisericorde que decidió convertir la pista en un patatal y que después de negar cualquier tregua durante la semana se dejó sentir también en la propia jornada de carreras para pintar de vacío las gradas, echar hielo a la temperatura ambiental y silenciar las llegadas. Lo que debía ser una fiesta de los sufridos y tozudos criadores, en el escenario que da y quita valor a lo que hacen y lejos de su hábitat de prados y vallados, fue un día gris que salvaron cuatro detalles y las ganas de unos pocos de ver la botella medio llena y no medio vacía, que los sigue habiendo y que son aquellos con los que uno siempre quiere estar. “Pues hemos disfrutado de una jornada de nacionales en la que hemos visto buenos caballos –me decía uno al salir del hipódromo–, aunque pocos, eso sí. El problema es que son pocos”.

Tronío y Sudáfrica luchan por la victoria en el Gran Premio Nacional de 2020. Foto: Rafa Lorente

Y es verdad. El Programa era osado en esta fecha. Se veía venir lo que iba a pasar porque la realidad no es permeable a la ilusión por muy bonita que sea la idea, que lo era y lo es. Nos quedaron 32 caballos para cinco carreras que repartían no poco dinero en premios y uno no dejaba de pensar en los días previos a la cita lo estupenda que esta sería si comparecieran en ella el doble de caballos. Si los hubiere.

¿Queremos de verdad salvar la cría?

Hace algunas semanas escribí que antes de seguir debatiendo sobre medidas y acciones que puedan ayudar a reactivar la cría del PSI en España estaría bien saber hasta qué punto preocupa el asunto y si de verdad existe un consenso sobre la importancia de que la cría funcione, algo que damos por hecho quizás de forma errónea, y digo quizás. ¿Preocupa esto a los diferentes agentes de las carreras o no? De la reserva de una jornada completa a los nacidos y criados en España –y asimilados, que siempre hay que mencionarlos—cabe colegir que sí, que hay un interés general por recuperar el pulso de la fábrica de pura-sangres, y además quiero agarrarme a ello porque creo con plena convicción que sin cría nuestras carreras perderían sentido, atractivo, razón de ser y hasta justificación para según qué cosas. ¿Qué, entonces? ¿Cómo hacemos para salvar a nuestra cría del peligro real de extinción en el que malvive? ¿Qué posibilidad hay de trazar un plan que todos seamos capaces de apoyar? ¿Podemos crear una hoja de ruta que nos lleve al cumplimiento de una serie de objetivos concretos, entre ellos, por ejemplo, lograr que en unos años este Día de los Nacionales pueda tener una media no ya de 12 participantes, sino pareja al menos al resto de carreras, que es de un exiguo 8,8 en lo que va de año, en lugar de los 6,4 del sábado pasado? Hace poco Dehesa de Milagro anunció que en 2021 dejará de criar con un criterio comercial y sabemos que la Yeguada Torreduero tiene la intención de reducir mucho en los próximos dos años el número de yeguas madre con las que trabaja (aunque no renuncia a crecer de nuevo si las circunstancias son propicias para ello). No son noticias precisamente edificantes en relación a todo esto. ¿Cómo hacemos para construir un escenario distinto que incentive la inversión tanto de la oferta como de la demanda?

Es innegable que en el punto en el que estamos todo pasa por hacer que el nacional bueno sea más rentable que el importado bueno. Y hablamos de dinero, sí, pero no de crear un circuito ilusorio para nacionales mediocres, sino de premiar la calidad, incluso con generosidad. A partir de aquí se podrán hacer muchas cosas para dignificar al producto local y a sus criadores, y para crear hitos aspiracionales, pero para todo ello es necesario, en cualquier caso, superar la barrera de los prejuicios y de lo políticamente correcto. Porque no estamos hablando de un proteccionismo chauvinista, con sus connotaciones carcas y peyorativas, sino de generar producto y valor, de ser más competitivos y de abrir vías para el crecimiento desde dentro.

(Artículo publicado en el número 1.098 de la revista A Galopar, de 10 de noviembre de 2020).

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