Velocidad

Dos mil veces Gallardo

El 4 de mayo de 2006 se disputarían seis carreras en el hipódromo de La Zarzuela. Con setenta caballos para correr, Antonio Alonso Gallardo (Jerez de la Frontera, 18 de julio de 1987) sólo aparecía una vez en el programa de la reunión. Era en la sexta de la mañana, una prueba para caballos anglo-árabes en la que montaría a una potra debutante de la Yeguada Militar que entrenaba el “Quini” Salguero. Se llamaba Brida y era una hija de Limpid (Soviet Star).

Brida resultó ser un diablo. Antonio ha explicado muchas veces que vio venir el peligro cuando la potra empezó a galopar en zigzag en la recta de enfrente. Al final perdió el equilibrio, pero en lugar de irse directamente al suelo se quedó agarrado, quizá por el instinto de quien aún no acumula suficiente experiencia, y el golpe final fue mucho peor. De La Zarzuela fue directamente a la UCI con el hígado partido y allí pronunció el jerezano aquella frase de escalofrío que con el tiempo recuerda con una media sonrisa: “Doctor, por favor, déjeme morir si no voy a poder montar más en carreras”. Había debutado en la competición tres años atrás, en 2003, y en el momento de sufrir aquel accidente sumaba 202 montas y 23 victorias.

Otra vez en marcha

Siete meses después de pasar por la UCI, al comienzo de 2007, Antonio Gallardo volvió a salir de cajones, y en 2008, animado por una de las personas que han resultado clave en su trayectoria, la preparadora Jennifer Bidgood, se fue a los Estados Unidos para aprender y probar suerte durante algunas semanas. Volvió a España, pero por poco tiempo. Ya había tomado la decisión y sabía que su futuro pasaba por la competición norteamericana. En julio de 2009, por fin, se fue. Ya estaba entre los seis jockeys más demandados en nuestro país, aunque no tenía un contrato que le garantizara las montas, y ganaba buenas carreras, como por ejemplo el Martorell, a lomos de la buena Bellaside (Le Vie dei Colori), aunque compartiendo el triunfo con Krilin (Multazen), de Madroños y montado por Borja Fayos. Ese día, 28 de junio, que fue el del Gran Premio de Madrid de Faramir (Celtic Swing), Antonio ganó dos carreras más en la jornada, con Criss Cross (Cape Cross) y con Bolas Nuevas (Second Empire). Hizo lo que llaman un “hat-trick” y fueron las últimas victorias. Aún montó un par de jornadas más en España antes de cruzar el Atlántico, pero no volvió a ganar. Se fue con 74 triunfos en la mochila y dejando un gran sabor de boca en los aficionados que poco antes, cuando trataba de abrirse camino en Mijas, desconfiaban de sus habilidades.

Estadísticas de Antonio Alonso Gallardo en España.
En primer término, Gallardo ganando el Martorell de 2009 con Bellaside. Foto: A Galopar.

La cuestión es que pocos sabían de la tremenda determinación de Antonio Alonso Gallardo, nacido y criado además en una familia de caballistas vinculados a las carreras. Lo llevaba en la sangre. Su abuelo montó en carreras y su tío, igualmente llamado Pepe, tuvo que dejarlo por culpa del peso. Ambos seguían ligados al caballo, en la Yeguada Militar de Jerez, y ahí empezó Antonio a relacionarse con el animal y a montar. Tras un paso fugaz por el concurso hípico, recaló en el hipódromo malagueño de la mano de Salvador Correro, y para él ganó su primera carrera, a lomos del incombustible y mítico Tiffany (Vaguely Hidden), el mismo día, por cierto, que el alemán Classic Croco (Croco Rouge) se imponía en el que en ese momento era el Derby de España, dotado nada menos que con 58.000 € al vencedor, cantidad que no ofrece carrera alguna en España al cabo de 17 años.

Primera victoria de Gallardo, en Mijas con Tiffany. Publicación de A Galopar.

Jerez, Sanlúcar…

Gallardo se había enamorado de la velocidad de las carreras en Sanlúcar, y aprendió las bases fundamentales de la técnica del jockey sin escuela. Mirando. Cuando empezó a montar en el hipódromo evolucionó muy rápido porque tenía un don natural. Le gustaba, sentía la adrenalina, le funcionaba el instinto y todo le resultaba familiar aunque lo hiciera por primera vez. Por aquel entonces otro tío suyo, Enrique, también trabajaba con los caballos de carreras, en este caso en Sevilla a las órdenes de Manuel Álvarez, después de haberlo hecho para Miguel Ángel Ribera. Un gran tipo, bético además, que pronto pudo empezar a presumir con orgullo de sobrino.  

Enrique Gallardo, tío de Antonio, galopando con Aoslos (Catrail) en Pineda.

Los primeros años de Antonio Gallardo en los Estados Unidos fueron muy duros. No tenía dinero ni sabía inglés. Sólo tenía ganas de triunfar y un tesón a prueba de bombas. Pasó todo lo que había que pasar para empezar a contar para los entrenadores. Montó muchas mañanas gratis, vio cómo las oportunidades que esperaba eran para otros, tuvo que subirse en muchos caballos sin “chance” y se tragó muchas lágrimas. En 2013 pasó de las 42 victorias que firmó el año anterior a sumar 101, y a partir de ahí todo cambió. Más montas, mejores caballos, entrenadores más importantes, más victorias. Todo se hizo un círculo virtuoso. Y llegaron el dinero, la familia, ganar carreras de “stakes”, montar para Godolphin, el primer Gr1 en 2018… liderar la estadística del hipódromo de Tampa, donde terminó asentándose, una y otra vez…

Con sus primeras estadísticas en Tampa. Foto: @jockeygallardo

En 2016 consiguió su victoria número mil en los Estados Unidos y hace unos días, en el comienzo de este mes de febrero de 2021, la número 2000. Ha triunfado pero no ha terminado de hacerlo, ni mucho menos, del mismo modo que sigue desde la distancia todo lo que sucede en España pero no tiene intención de volver. Su vida está en América, en el país donde hizo realidad su sueño y donde aún tiene muchas ilusiones que cumplir. ¿Llegará a montar en el Kentucky Derby? ¿Ganará algún día en la Breeders Cup? Quién sabe. De momento sigue ganando y esta misma noche española le volveremos a seguir en dos carreras de Grado 3 en Tampa, en una de las cuales montará a Delaware (Frankel), un ex de Juddmonte, ganador del Prix Daphnis (Gr 3) en Francia, adquirido al final del año pasado por sus nuevos propietarios americanos por casi doscientos mil dólares y que entrena el emergente Chad Brown. A todo se acostumbra uno.

Estadísticas de Antonio Gallardo en los Estados Unidos.

Después de irse, en España le vimos el Día de Andalucía de 2010, cuando volvió a Mijas para montar cuatro carreras y ganar con We Can (During), con los mismos colores del Grupo Bolaños que defendió en el Martorell con Bellaside. Finalmente, montó en Madrid el fin de semana del Día de la Hispanidad de 2014. No tuvo éxito en las tres carreras en las que participó en La Zarzuela, pero recibió en persona el cariño de la gente que desde aquí le reconoce el mérito inconmensurable que tiene su carrera y el ejemplo que supone para todos. En este país las carreras de caballos atraviesan décadas sin tener la oportunidad de desarrollarse que las diferentes generaciones de aficionados reivindicamos y, sin embargo, el talento emerge una y otra vez, imparable. Es el caso de este andaluz admirable y el de otros tantos cracks que son orgullo gigante de nuestra pequeña competición. Desde Ioritz Mendizábal a Óscar Ortiz de Urbina, pasando por Mauri Delcher, Carlos Laffón, etcétera.

Antonio no tuvo escuela, pero es Gallardo. Muy Gallardo. Sus dos mil carreras ganadas son dos mil motivos de orgullo para todos nosotros y no serán los únicos. Sigue caminando, “Pecas”. Aquí estaremos aplaudiendo.

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